El Edificio Chrysler: un vistazo al mayor icono del Art Déco

El Edificio Chrysler: un vistazo al mayor icono del Art Déco

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Autoras | Lucía Burbano, Raquel C. Pico

A menudo, la arquitectura refleja la ambición humana, especialmente cuando hablamos de rascacielos. El edificio Chrysler, icono neoyorquino y del diseño Art Déco, es el espejo de la personalidad del magnate Walter Percy Chrysler, pero también nos sitúa en un momento muy concreto de la historia de Nueva York: los locos años veinte.

Historia del Edificio Chrysler

Edificio Chrysler

Los años 20 fueron un período de fuertes cambios sociales y también uno de cierta reacción a la década precedente. Frente a la tragedia de la Gran Guerra, la ciudadanía se entregó a un cierto hedonismo, a la búsqueda de la modernidad y a un cambio en las costumbres, las aspiraciones y los modos de vida. Esto se notó en muchos niveles, desde la posición de las mujeres hasta los patrones de consumo. Y, por supuesto, impactó en la decoración, la arquitectura y el diseño de las ciudades. Los Felices 20 fue un período urbano y dinámico, lleno de coches, velocidad, modernismo y rascacielos.

Uno de sus rascacielos más emblemáticos del período fue el edificio Chrysler de Nueva York, Estados Unidos. Empezó a construirse en 1928 y se completó en mayo de 1930. La historia del edificio arranca cuando William H. Reynolds, un desarrollador inmobiliario neoyorkino, proyectó un desarrollo inmobiliario en la zona. No lo llevó a cabo, pero vendió los terrenos a Walter Percy Chrysler. Este era un magnate del automóvil, el millonario propietario de la empresa de coches Chrysler, uno de los grandes nombres de la automoción de los años 20. Su empresa sigue existiendo todavía hoy, solo que ahora es parte del grupo Stellantis, tras todos los movimientos de integración y fusión de la industria automovilística.

Chrysler, siguiendo la tendencia que comenzó unas décadas atrás, se propuso plasmar a través de la arquitectura la grandeza de su empresa. En 1928, año en el que se inició su construcción, la industria del automóvil norteamericana vivía, además, sus años dorados.

Curiosamente, a principios de 1929, Nueva York vivió la denominada “carrera hacia el cielo”, una competición entre promotores inmobiliarios de todo Manhattan para ser los primeros en coronar el skyline neoyorquino con el edificio más alto. Durante su construcción, su famosa espiral se escondió en su interior para que su altura final fuera un secreto para sus competidores.

Cuando culminaron la obra, alcanzaron la altura soñada. La pregunta de cuán alto es el Edificio Chrysler sigue teniendo ahora la misma respuesta que entonces: 319 metros. Entonces, le permitió coronarse como el más alto del mundo, ya que era el edificio más elevado de Nueva York, la ciudad que estaba en aquel momento más cerca de las nubes. El Edificio Chrysler ostentó el récord de ser el rascacielos más alto de la ciudad durante once meses, hasta que el Empire State Building se hizo con este honor en 1931.

Los propietarios del Edificio Chrysler

Edificio Chrysler

Sin duda, ser el propietario del edificio más elevado del mundo demostraba a ciencia cierta el poderío económico de su empresa y su familia. Sin embargo, Chrysler levantó el rascacielos por la más prosaica razón de la especulación inmobiliaria. Lo vio como una hábil inversión que se revalorizaría con el tiempo y que sería, así, una valiosa herencia para sus hijos. De hecho, la sede principal de la compañía estaba en Detroit y allí continúo durante décadas. Walter Chrysler tenía hasta un piso propio inmenso entre las plantas 69 y 70 del edificio, con gimnasio y una sala de decoración medieval. A su muerte en los años 40, sus hijos heredaron la propiedad.

La familia vendió el edificio Chrysler en 1953 por 18 millones de dólares de la época. Fue la primera de una larga lista de ventas, que se fueron sucediendo durante las siguientes décadas del siglo XX. Los actuales propietarios del edificio Chrysler son una venture entre Signa Holding y RFR Holding, que lo adquirieron en 2019 por 151 millones y con el proyecto de revitalizarlo. Sin embargo, los socios se enzarzaron en una batalla judicial en 2024 ante acusaciones de no estar cumpliendo lo prometido. El título de propiedad del rascacielos podría cambiar en un futuro no muy lejano, puesto que en mayo de 2025 el edificio fue puesto a la venta nuevamente.

El Edificio Chrysler, la joya de Manhattan

Edificio Chrysler

El rascacielos se sitúa en la intersección de la calle 42 y la avenida Lexington, en el East Side de Manhattan de la ciudad de Nueva York.

Este barrio no era en los años 20 la zona de moda que conocemos hoy. Cuando Walter P. Chrysler decidió construir su edificio, quiso revitalizar un distrito que no estaba a la altura de su potencial. La zona alrededor de la estación de ferrocarril de Grand Central Terminal, que se encuentra a un bloque de distancia del edificio Chrysler, prometía ser un barrio comercial floreciente, pero fracasó en su intento de conseguirlo.

Chrysler creía que, si podía levantar su rascacielos, el centro de la ciudad sería capaz de desarrollar todo su potencial. Estaba tan comprometido con este objetivo que rechazó el diseño original del arquitecto William van Alen porque no era lo “suficientemente opulento”.

Durante su larga historia, el edificio Chrysler fue la sede de las oficinas neoyorkinas de la compañía Chrysler hasta mediados de la década de 1950 y pronto se convirtió en un icono reconocido como un monumento histórico nacional en 1976.

Diseño: Art Déco con un aire automovilístico

A pesar del rechazo inicial a las propuestas de Willian Van Alen, este fue finalmente el arquitecto del edificio Chrysler. El neoyorquino había estudiado en la “École des Beaux-Arts” de París, y por lo tanto estaba muy familiarizado con el estilo que imperaba por aquella época, el Art Déco, que simbolizaba progreso e innovación.

Aunque en la actualidad el Art Déco se considera el emblema incuestionable del arte decorativo de Entreguerras, lo cierto es que no recibió este nombre hasta los años 60. Entonces, fue bautizado retroactivamente tomando como referencia una exposición que hubo en París en 1925. El estilo marca los años 20 y 30 y es el que domina en los rascacielos del período. Los rascacielos europeos se miraban en los referentes de Estados Unidos, de los que Nueva York era el gran emblema. El edificio Chrysler es así un poderoso emblema. Lo era en su momento, como una guía a copiar, y lo es ahora, como una pieza destacada de arquitectura.

También fue uno de los cantos de cisne de la época de los grandes rascacielos de los Felices años 20. Cuando se terminó su construcción ya se había producido el Crac del 29 y se estaba entrando en la Gran Depresión.

La arquitectura del edificio Chrysler sobresale entre las muestras del período por varias razones. Para cumplir con las normas urbanísticas de Nueva York, su arquitecto necesitó asegurarse de que no iba a bloquear la luz solar para el resto de la calle, lo que lo empujó a jugar con diferentes escalas en las plantas finales. Fue una solución ingeniosa, pero una que a la larga se ha convertido en emblemática de uno de los edificios icónicos de Nueva York.

Los elementos más característicos de su fachada son los intrincados patrones geométricos y un homenaje al sol expresado con unos rayos solares en la corona del edificio.

Las gárgolas y águilas de la fachada imitan los adornos del capó de los automóviles Chrysler. De hecho, su diseño contiene muchos guiños al diseño automovilístico de Chrysler. Sin ir más lejos, los adornos decorativos de las esquinas del piso 31 son unas copias de las tapas del radiador del modelo de automóvil Chrysler de 1929.

Estructura y distribución

Edificio Chrysler

El rascacielos de 77 plantas está construido principalmente en acero y ladrillo, cuenta con aproximadamente tres millones de ladrillos colocados manualmente para las paredes del edificio con 391.881 remaches de fijación. Otro número que impresiona son sus ventanas, nada más y nada menos que 3.862 repartidas por su fachada

Como todos los rascacielos, el edificio tiene un interior de acero y muros de hormigón que lo aíslan, pero no cumplen una función estructural. El núcleo interior alberga el ascensor y los sistemas mecánicos, mientras que el núcleo exterior tiene espacio para oficinas.

El edificio Chrysler también es conocido y reconocido por su corona. El diseño de Van Alen es una bóveda de arista cruciforme construida en siete miembros concéntricos con repliegues de transición, montados uno detrás de otro.

El revestimiento de acero inoxidable está remachado en un patrón de sol radiante con muchas ventanas triangulares abovedadas, que transitan hacia segmentos más pequeños de los siete estrechos retranqueos de la fachada de la corona adosada. Toda la corona está revestida de metal plateado “Enduro KA-2”, un acero inoxidable austenítico.

El edificio se levantó al ritmo de cuatro plantas por semana.

Los récords que batió el edificio Chrysler

El primero que superó los 300 metros

Aunque estaba claro en aquel momento que el edificio no ostentaría el título de edificio más alto del mundo durante mucho tiempo, sigue siendo el primero que se elevó por encima de los 300 m de altura.

Fue la estructura más alta del mundo

Superó al rascacielos 40 de Wall Street (hoy conocido como Trump Building, con 283 m) y los 300 metros de la Torre Eiffel de París (1889).

El más alto construido en ladrillo

A pesar de su antigüedad, sigue siendo el edificio de ladrillo con estructura de acero más alto del planeta, con 282 metros (sin contar su corona)

Visitar el Edificio Chrysler

Edificio Chrysler

A diferencia de otros edificios icónicos del siglo XX como la Ville Saboye, el edificio Chrysler no es un museo. Como otros espacios urbanos destacados, como Les Espaces d’Abraxas, mantiene su uso inicial.

Aunque el edificio Chrysler no se puede visitar, se puede acceder al vestíbulo principal del edificio y apreciar la fantástica decoración Art Déco los días laborales entre las 8h y las 18h. La oficina de turismo de Nueva York recomienda evitar las horas pico de salida y entrada de trabajadores. El acceso es gratuito, aunque se debe recordar que es un espacio privado y podrán limitar lo que se hace en esa zona. Algunos visitantes, por ejemplo, lamentan que no les dejaron tomar todas las fotos que quisieron. Aun así, el propio lobby es en sí mismo una obra de arte decorativo e incluye un mural de Edward Turnbull.

El magnífico mural del techo que da la bienvenida a los visitantes es un tributo a la era de la industria y la innovación que representa la construcción del edificio Chrysler. Los detalles cromados cuentan la historia de los hombres y mujeres que convirtieron a Estados Unidos en una potencia económica.

El Spirit of Saint Louis, el avión en el que Charles Lindbergh realizó su heroico primer vuelo transatlántico sin escalas, surca el cielo. El mármol africano, excéntricamente caro, crea una atmósfera de inspiración y grandeza y no deja dudas sobre las intenciones de Walter P. Chrysler al construir este icono que lleva su nombre.

Cuando se abrió en 1930, el edificio contaba con un observatorio abierto al público en las plantas superiores. Antes de la pandemia existían planes para volver a abrir un espacio de estas características, pero no se ha hecho, al menos todavía.

Fotos | Unsplash/Sumeru ShekharLibrary of CongressWikipedia CommonsWikipedia CommonsAlexandreFagundes/iStockJacobH/iStock

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