Autor | Amaia PorteiroLas ciudades actuales viven un escenario de transformación. La adopción de compromisos globales como la reducción de emisiones de carbono a través del Grupo de Liderazgo Climático C40, la adopción de soluciones smart junto con los radicales cambios que suponen en la organización citadina y la necesaria cooperación entre las distintas urbes para su ensayo y testeo, los proyectos de desarrollo de una economía circular, la implantación de nuevas tecnologías como el 5G... demandan implicación cada vez mayor de los gobiernos municipales en un número creciente de áreas. La mayoría de los objetivos urbanos para la nueva década requieren del desarrollo de políticas a nivel local.Esta tendencia conlleva la necesidad de un refuerzo de la gobernanza urbana ya que se hace imprescindible la aparición de nuevos órganos de administración municipales y la adopción de acuerdos de colaboración entre ciudades incluso a nivel supranacional. Un hecho que genera tensiones entre los distintos niveles de gobierno que tienen jurisdicción sobre un territorio: internacional, nacional, regional y local. Las distintas capas de gobernabilidad se superponen sobre una misma ciudad, haciendo su coordinación cada vez más complicada. Con frecuencia, los intereses de los gobiernos metropolitanos y su influencia sobre las ciudades vecinas chocan con las agendas los de los gobiernos nacionales y regionales.Pero, ¿qué hacer cuando ya hay metrópolis y áreas metropolitas que expanden su influencia a mas de una región o estado (como en el caso del área metropolitana de Nueva York que se extiende a casi 5 estados diferentes) o que tienen una autonomía casi internacional?Actualmente, el crecimiento urbano sobrepasa las fronteras de las ciudades tradicionales y su desarrollo no se corresponde ya con las fronteras legales de su gobierno, lo que genera problemas a medio y largo plazo. Entre ellos, la falta de soluciones adecuadas para el transporte, el acceso a una vivienda asequible o la gestión de los residuos y la contaminación. Para afrontar estos retos son necesarias nuevas soluciones pero no existe un único modelo que se pueda implementar de igual forma en todos los lugares.¿Cómo imbuir a las ciudades con las capacidades y el poder necesarios para poder actuar frente a los nuevos retos urbanos?
Extendiendo el gobierno urbano a nuevas áreas de actuación: Los retos de los gobiernos metropolitanos
Para conseguir que las ciudades y, en particular, las áreas metropolitanas tengan los instrumentos de gobernabilidad que necesitan, se deben afrontar varios retos:- Lograr el reconocimiento político de las áreas metropolitanas, inexistente a día de hoy.
- Paliar la falta de recursos necesarios y escasa autonomía fiscal para afrontar los desarrollos urbanos necesarios. La colaboración entre metrópolis, incluso a nivel supranacional, como ya está dando, puede ayudar a reducir parte de estos costes, pero, igualmente, se necesita incrementar la autonomía fiscal. Una vía podría ser la implantación de impuestos metropolitanos con los que financiar los servicios locales.
- Combatir el déficit democrático. Aún no es habitual que se elijan de manera directa los órganos de gobierno metropolitanos, sino que se realiza mediante modelos indirectos que suponen una falta de representatividad de los ciudadanos.
- Coordinar las distintas capas de gobernabilidad. En un escenario en el que existe una superposición de distintos niveles de gobierno tanto vertical como horizontalmente (gobiernos municipales, regionales, nacionales y supranacionales junto a redes de colaboración internacionales) se debería definir el papel de las áreas metropolitanas y sus relaciones con todos ellos.































































